de: Gabriel Salinas
Como relata Alberto Villalpando en las memorias
transcritas por sus biógrafos (Wiethüchter, Rosso) en el libro “La geografía
suena”, Marvin Sandi es una figura notable y peculiar para Bolivia en el
proceso histórico que atraviesa nuestro país en el siglo XX. De modo
aparentemente “efímero” este compositor va a marcar profundamente el curso de
la música boliviana contemporánea, dejándonos tan solo un reducido repertorio,
en el que sin embargo resuenan poderosas ideas que son la marca de todo un
genio vanguardista. Realizar esta afirmación no requiere revisar demasiadas
fuentes, basta con hacerse de cualquier biografía de Sandi, que tendrán
inscritas bajo su nombre, como mínimo, las siguientes palabras: “compositor y filosofo
boliviano, nacido la década del 30” (la biografía de Elias Blanco que se
encuentra en línea, por citar un ejemplo); de ahí en adelante, todos cuantos se
aproximen a conocer mejor a este músico potosino, se verán irremediablemente
envueltos en una maravillosa sorpresa -lo que al mismo tiempo nos habla de la amplitud
de nuestra tradición musical, aunque también, del lamentable olvido que a veces
recae sobre ella, ya que Marvin Sandi con todo, es aún poco conocido e interpretado
en las salas de concierto-.
Villalpando y Sandi en Buenos Aires
Vanguardista quiere decir adelantado, cuando
hablamos del arte del siglo XX, esta expresión aparece recurrentemente, pues
uno de los rasgos fundamentales del arte moderno, será la ruptura con la
tradición, o como irónicamente se lo llama en nuestros días “la tradición de la
ruptura” (J.L.Brea). El sentido de atravesar lo establecido, de ir un paso mas
allá, es la definición obvia de “adelantarse”, pero esto no es tan simple como
parece, “ser vanguardista” supone una forma de apropiación de la cultura que
permite atravesar sus sistemas de significación, como escribe Raymond Williams,
“(la tradición) es una versión del pasado, que se pretende conectar con el
presente y ratificar. En la práctica, lo que ofrece la tradición es un sentido
de predispuesta continuidad”. Entonces podríamos decir, el vanguardismo requiere
tomar partido respecto al proceso cultural para poder romper el sentido de
continuidad de la tradición.
Hacemos esta pequeña digresión respecto a lo
que entendemos como “vanguardista”, porque creemos que justamente nuestro
músico potosino debe ser considerado en este sentido. Nacido a finales de los
30, Marvin Sandi logra trascender las brechas culturales que se abren entre Bolivia y el “mundo moderno”, vale decir,
entre el centro del mundo capitalista asentado en Europa, y el otro extremo del
mundo donde en ese momento nos encontrábamos los bolivianos, ese espacio que se
ha denominado “la periferia” al que fuimos condenadas todas las ex-colonias por
nuestra relación distante aunque subordinada con el proceso histórico del
capitalismo industrial, que será el asiento material de la cultura del mundo moderno. En ese contexto,
Sandi no solo logra apropiarse de las nuevas perspectivas de las estéticas
musicales modernas, si no también romper las presiones y límites impuestos por
la hegemonía cultural de ese momento histórico, donde los bolivianos nos
encontrábamos en la penosa situación de existir rezagados, ya que para entonces
la estética musical conservadora, era la única legitimada por los sistemas de
reproducción de la cultura boliviana.
Como vemos escrito en el libro de Wiethüchter y
Rosso “La geografía suena”, nos encontramos frente a los testimonios
vivenciales del propio Maestro Villalpando refiriéndose al importante rol de
Marvin Sandi en la música boliviana del siglo XX; en primer lugar como el
introductor de la teoría dodecafonista de Schoenberg, que romperá con la idea
de superioridad del sistema tonalista occidental sobre otras relaciones
armónicas posibles, esta era una idea desafiante que Sandi recupera y socializa
en nuestro medio:
“No es un exceso decir, como lo hace el propio
maestro, que fue en realidad Sandi no solo el que tendió el puente hacia la
Meca Latinoamericana (Buenos Aires) sino el introductor de la música
contemporánea en Bolivia” (p.23)
“...fue el mismo Marvin el que daba clases a
Villalpando y a Florencio Posadas de politonalidad, atonalidad y dodecafonía, y
se trataba de la dodecafonía rígida de Schoenberg… Y es en la obra de Sandi en
la que se puede encontrar los inicios de lo que ahora llamamos música
contemporánea Boliviana, citemos de él, In Memoriam y ritmos Panteisticos. Es
In Memoriam la que marca el punto de ruptura entre la música que se había
heredado y la que vendría después” (p. 23)
Cuenta la leyenda, que la insistencia de Sandi
de trabajar con las ideas radicales de Schoenberg, le costaron un duro
enfrentamiento con sus profesores del conservatorio en Buenos Aires, este hecho
marcaria el alejamiento del potosino de su actividad musical para siempre, años
después, luego de entregarse por completo a su vocación filosófica que quedara
plasmada en tres densos volúmenes, Sandi se suicida en España en 1968 a la edad
de treinta años.

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