jueves, 26 de junio de 2014

La trama del arte, la política y la identidad: nota curatorial de la muestra “Migrantes bolivianos en Buenos Aires” de Carla Espinoza


De: Gabriel Salinas



“Y, al involucrar al propio observador en la constitución del objeto estético, el arte libera a la recepción estética de su pasividad contemplativa”
(H. R. Jauss: 1986)

“La política consiste en reconfigurar el reparto de lo sensible que define lo común de la comunidad, en introducir sujetos y objetos nuevos, en volver visible aquello que no lo era y hacer que sean entendidos como hablantes aquellos que no eran percibidos más que como animales ruidosos”
(J. Ranciere: 2002)


Del mismo modo, en que la identidad de los colores es perceptible para nosotros a través del reflejo de la luz sobre los cuerpos, el proceso de construcción de una identidad social deviene de la forma en que uno se refleja en el otro, ya que, como escribió Stuart Hall, el significante dinámico que constituye una identidad social, está sujeto al <juego de la différance> (1996); lo que se podría resumir, de acuerdo a los principios filosóficos de identidad y contradicción que rezan: uno, es idéntico a sí mismo, y es, en oposición, a un otro. Pero este razonamiento resulta problemático en su aplicación a las dinámicas sociales, por un lado, no existe un ser humano que no sea único y por ende idéntico a sí mismo, por otro, no existe un ser humano que en su calidad de especie no sea idéntico a todos los demás seres humanos. A partir de esta constatación, es evidente que la construcción de una identidad social es en gran medida, una cuestión política. Precisamente a esto se refería Hall, cuando escribe que la formación de una identidad social consiste en una representación histórica que un grupo plantea sobre sí, a partir de algunos rasgos comunes, proyectándolos como valores diferenciadores que los distinguen de otras colectividades, entonces, la construcción de la identidad implica fundamentalmente la construcción de la diferencia, eso es, identificar al otro, con el que uno, no se identifica; al respecto, diría Hall, se trata de elevar limites simbólicos y producir <efectos frontera> (1996).

Precisamente el fenómeno de la migración, toma su significado, de los desplazamientos humanos por sobre las fronteras políticas de los estados, de ese modo, el ser identificado como inmigrante, implica no haber podido cruzar las fronteras simbólicas que trazan las construcciones sociales y políticas de la identidad en un estado-nación. En esta medida, ser inmigrante es en última instancia, ser discriminado en una diversidad de grados, y al mismo tiempo, ser inmigrante es desplegar diversas estrategias de resistencia a esa discriminación, es introducirse en una dinámica de juegos de visibilizacion e invisibilizacion para sortear los límites simbólicos y concretos que construyen políticamente la diferencia, y por el contrario, restituir el valor universal de una igualdad civil, que ha legado la democracia liberal a nuestra cultura contemporánea.

Esta propuesta que reelabora la técnica fotodocumental abre nuevas dimensiones de la experiencia estética que van mas allá de la univoca visualidad convencionalmente asociada a la fotografía, y busca compenetrar al espectador en una suerte de acto performativo que funciona como condición para activar el dispositivo-arte, que solo entonces despliega todo su potencial significativo; literalmente, esta obra coloca al espectador frente a la experiencia del “otro” en el contexto complejo y dinámico del entramado social bonaerense, donde el “ser boliviano en Buenos Aires” significa llevar una carga simbólica que se impone desde las practicas discursivas dominantes planteando una representación de la identidad a partir de la diferencia, entonces, estar frente a la obra adquiere un nuevo sentido, ya que nos permite reproducir el acto primario de toda construcción de la identidad, es decir identificar al “otro” que se encuentra  frente mío.

Stuart Hall en un clásico pasaje de la teoría social contemporánea se cuestiono provocativamente: ¿Qué necesidad hay, entonces, de otro debate más sobre la «identidad»? ¿Quién lo necesita?, y la respuesta no fue menos resonante, la necesidad de extender hoy el debate sobre la identidad se encuentra vigente “Precisamente porque las identidades se construyen dentro del discurso y no fuera de él, debemos considerarlas producidas en ámbitos históricos e institucionales,  específicos en el interior de formaciones y prácticas discursivas específicas, mediante estrategias enunciativas específicas”. En esta medida creemos que la muestra “Migrantes bolivianos en Buenos Aires” permite aproximarnos a la problemática de la identidad desde la experiencia estética que nos aborda desde una sensibilidad universal, pero al mismo tiempo, localizando y visibilizando la especificidad de nuestra experiencia como bolivianos en el mundo contemporáneo.

De eso se trata esta muestra, indagar en los confines de la sensibilidad estética a partir de la experiencia de los “Migrantes Bolivianos en Buenos Aires”,  enfrentándonos a las mediaciones simbólicas de la construcción del otro, es decir, a las marcas de diferenciación que homogeneízan la particularidad de cada inmigrante retratado, reflejando la deshumanización implícita en la discriminación. Por ello, muy a pesar de que obtengamos una imagen parcial de los individuos retratados, también podemos observar cómo, ese otro que no es yo, y aparece frente mío, es también el espacio que ocupa en la vida cotidiana de Buenos Aires, sean calles marginales, hasta hospitales o departamentos de lujo. Entonces, los retratos de esta muestra foto documental, se complementan precisamente por el entorno en el que cada inmigrante ha decidido ser fotografiado, como expresión de la identidad que han construido de sí en Buenos Aires, y esto nos lleva a preguntarnos, si es que la marca que cubre su rostro les sirve como un recurso para ocultarse? o desocultarse?

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